Desinformación y democracia: del negacionismo de las vacunas al colapso de un banco

Desinformación y democracia: del negacionismo de las vacunas al colapso de un banco

La expansión acelerada de noticias falsas y campañas de desinformación está impactando a la política, la salud pública y el sistema financiero. Desde el falso vínculo entre vacunas y autismo hasta la caída del Silicon Valley Bank, los ejemplos muestran cómo los rumores virales pueden alterar decisiones individuales y colectivas.

Desinformación en la era de la posverdad

La circulación masiva de contenidos engañosos se ha convertido en un factor de riesgo para las democracias contemporáneas y para la forma en que las sociedades comprenden la realidad. La facilidad con que se difunden noticias falsas, teorías conspirativas y rumores en redes sociales y servicios de mensajería ha modificado la conversación pública y ha puesto en cuestión la capacidad de las instituciones para sostener debates informados.

Este fenómeno no es exclusivo de un país ni de un proceso político particular. Se ha observado en campañas presidenciales en distintas regiones, en debates sanitarios durante la pandemia de COVID-19 y en episodios críticos del sistema financiero. La lógica de la posverdad —donde los hechos comprobables pierden peso frente a creencias y emociones— se ha consolidado como un rasgo estructural del entorno informativo actual.

El caso Wakefield: una mentira científica con efectos duraderos

Uno de los ejemplos más ilustrativos de los efectos de la desinformación proviene del ámbito sanitario. En 1998, el médico Andrew Wakefield publicó un supuesto estudio que aseguraba haber encontrado una relación entre la vacuna triple vírica —que protege contra sarampión, paperas y rubeola— y el desarrollo de autismo y trastornos intestinales en niños.

El trabajo se basaba en solo 12 casos, a pesar de que la vacuna había sido aplicada a millones de personas desde su aprobación en 1971. Pese a la fragilidad de la evidencia, las conclusiones se difundieron ampliamente y alimentaron la desconfianza de muchos padres hacia los programas de inmunización infantil.

Años más tarde, una investigación periodística del Sunday Times reveló que Wakefield tenía intereses económicos vinculados al desarrollo de una vacuna alternativa, lo que puso en cuestión la integridad del estudio. Posteriormente, grandes investigaciones científicas con metodología robusta, publicadas en 2015 y 2022, no hallaron ninguna relación causal entre la vacuna triple vírica y el autismo.

Sin embargo, el rectificado llegó tarde. El caso es considerado uno de los mayores fraudes científicos recientes, y su impacto todavía se siente en la persistencia de movimientos antivacunas y en el resurgimiento de enfermedades que habían sido controladas durante décadas, como el sarampión, con brotes relevantes en Europa y Estados Unidos.

Silicon Valley Bank: redes sociales y pánico financiero

La desinformación no solo incide en la salud pública: también puede agravar vulnerabilidades en el sistema financiero. En marzo de 2023, el banco estadounidense Silicon Valley Bank enfrentó una crisis de liquidez atribuida a problemas en la gestión de riesgos y al contexto de alzas en las tasas de interés.

A esa situación se sumó la rápida propagación en redes sociales de mensajes que cuestionaban la capacidad del banco para devolver los depósitos a sus clientes. La viralización de estos contenidos aceleró una corrida bancaria, ya que numerosos depositantes intentaron retirar sus fondos al mismo tiempo.

En cuestión de horas, la entidad sufrió una pérdida masiva de depósitos, el valor de sus acciones se desplomó y el banco dejó de ser viable. El episodio fue citado por la entonces secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, quien advirtió que incluso una supervisión sólida puede verse sobrepasada cuando un banco enfrenta una fuga abrumadora de depósitos impulsada por las redes sociales.

Este caso evidenció cómo la dinámica de la información digital puede amplificar temores y transformar problemas acotados en crisis sistémicas.

Campañas políticas y ecos de la desinformación

En el terreno político, la desinformación se ha consolidado como una herramienta habitual en campañas y disputas electorales. El uso de ejércitos de bots, cuentas anónimas y estrategias digitales diseñadas para amplificar contenidos engañosos o abiertamente falsos se ha documentado en diversos países.

Durante recientes procesos electorales en Chile y en otras naciones de la región, el debate público se ha visto atravesado por acusaciones falsas, promesas inexistentes, rumores sobre reformas legales y supuestos beneficios para determinados grupos, así como teorías de conspiración que encuentran amplia difusión en redes sociales.

Estos contenidos prosperan con facilidad en contextos de polarización política y baja alfabetización mediática. Muchos electores tienden a aceptar y compartir mensajes que refuerzan sus creencias previas, aunque carezcan de sustento, lo que debilita los incentivos para contrastar información y dificulta la deliberación democrática basada en hechos verificables.

Desinformación como “pandemia” global

La crisis de información durante la pandemia de COVID-19 llevó a organismos internacionales a advertir sobre las consecuencias de la desinformación. En 2020, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, describió la situación como una “pandemia de desinformación”, al referirse a la proliferación de mensajes que negaban la eficacia de las vacunas, cuestionaban las cuarentenas o incluso ponían en duda la existencia del virus.

Ese flujo de contenidos engañosos afectó decisiones de millones de personas sobre su propia salud y la de sus comunidades, con un impacto directo en la evolución de la crisis sanitaria.

Un sistema altamente sensible a pequeñas mentiras

La acumulación de estos episodios en ámbitos tan distintos como la salud, las finanzas y la política sugiere que los sistemas complejos son especialmente vulnerables a variaciones aparentemente menores en el flujo de información. Una mentira puntual, un rumor sin sustento o un posteo viral pueden desencadenar reacciones en cadena difíciles de controlar.

En ese contexto, la desinformación no aparece solo como un problema de veracidad periodística, sino como un factor que altera decisiones de individuos, empresas y gobiernos, y que puede modificar trayectorias sociales de largo plazo.

La combinación de alta conectividad, polarización y falta de herramientas para evaluar críticamente la información crea un escenario en el que pequeños estímulos engañosos pueden producir consecuencias desproporcionadas.

Frente a este escenario, distintos expertos y organismos coinciden en la necesidad de fortalecer la alfabetización mediática, promover el contraste sistemático de fuentes y exigir mayores estándares de transparencia en la circulación de contenidos digitales, con el objetivo de reducir el impacto de la desinformación en la vida democrática y en otros ámbitos clave de la sociedad.

Fuente: https://elpais.com/chile/2025-09-13/desinformacion-noticias-falsas-y-caos.html

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